Lo que sigue es la primera producción hot que realizó para
el 2004. Un privilegio sólo para HOMBRE. Lo único que no nos
contestó fue su número de teléfono. ¿Por qué
será?
-Cómo es tu noche ideal?
-No es necesariamente una sola. Puede ser mirando una película,
comiendo un helado, en mi casa. ¡Cuando estoy en casa no lo puedo
creer!
-Bueno, la pregunta apuntaba un poco más
allá…
-No, no pienso decir nada (Ríe). ¡Mi marido me va a matar!
-OK, vayamos por otro lado: ¿sos dormilona?
-Antes sí. Ahora, por el trabajo, cada día menos: me acostumbré
a dormir poco.
-¿Cómo es despertarse con vos?
-Me levanto de un salto y salgo apuradísima.
-¿Nunca un desayuno en la cama?
-¡Nooo! Tengo mil cosas para hacer, y me despierto acordándome
de la agenda del día: darle de comer al perro, llevarme una barra
de cereal, el cargador del celular. El desayuno es en la cocina. Y aunque
no trabaje, me levanto temprano.
-¿Algo de malhumor, cada tanto?
-No: mi humor es constante. Si no trabajo, porque estoy más relajada.
Pero trabajar también me da alegría, porque es lo que me
gusta.
-Hay cosas que te cambian el humor., vamos…
-Sí: la injusticia. Cuando veo una injusticia en este país,
me conmuevo. Lloro mucho. Por el noticiero, por las emociones, por las
fotos… y también por que me quieran mucho. Las cosas lindas
me emocionan re fácil.
-¿Te gusta jugar a ser objeto de deseo?
-Sí: no me da vergüenza ser sexy. Es que todo el mundo seduce:
el que te vende un producto en un comercial, los medios de comunicación,
la música… Todo es seducción.
-¿Cómo fue venir a Buenos Aires a
los 17 años?
-Un día tuve la oportunidad de hacerlo y lo aproveché al
máximo.
-¿Querías ser modelo, actriz o conductora?
-Podía ser cualquiera de esas opciones. Empezó mi carrera
como modelo al mismo tiempo que empecé a trabajar como notera en
"El Rayo". El modelaje se potenció mucho con la televisión,
y sirvió para que la gente me conociera más rápido.
Poderme ver me sirvió para sentirme más cerca de las personas.
-Personas que –once de cada diez- quieren
algo más que conocerte. O al menos, algo distinto.
-Me llega mucho el amor de la gente.
-Y alguna que otra propuesta también.
-¡Para nada! La gente ya sabe con quién está hablando.
-¿Se asustan cuando te ven?
-Sí, eso sí… Antes de que me conociera Martín
(Barrantes, su esposo desde el 30 de noviembre del 2002) estuve unos meses
solterísima. No me invitaban a charlar, ni a tomar un café.
Pero no me desesperaba: lo manejaba tranquila. Seguramente, creen que
soy más fuerte.
-Te ven desinhibida.
-En el trabajo me encanta. Pero en mi vida personal no soy tan extrovertida.
-Te transformás…
-Cuando se enciende la cámara, cambio. Me gusta transformarme,
para después volver a mi normalidad. Pero en ese momento cambio
un montón, soy otra.
-¿Seguís disfrutando el laburo como
el primer día?
-Al principio, me ponía un vestido y me sentía ¡una
princesa! Después me empezó a parecer natural. Pero no puedo
decir que no lo disfruto. Además, me siento como agradecida por
hacer lo que me gusta.
-¿Tenés amigas en la profesión?
-Compañeras sí, amigas no. Mis amigas son de afuera, las
tenía de antes. Ellas me hacen sentir que soy yo, me conocen de
verdad.
-¿Es difícil tener amistades en tu
trabajo?
-No. Están todas en la misma situación: vinieron del interior,
muchas no ganan nada, están todas en la misma. Hay una fantasía
generada en torno a ellas, pero son chicas re normales, van a la universidad,
hacen su vida.
-La competencia existe. ¿O nunca te diste
cuenta?
-Pero sin maldad. Todas quieren estar en el mejor lugar. Es algo normal,
¿no?
-La historia de la chica venida del interior tiene
mucho que ver con vos. ¿Cómo fue el salto a la ciudad?
-Al principio me cansaba mucho. Todos los viajes eran largos, y había
que esperar los colectivos demasiado. Los primeros tiempos me acostaba
y me desmayaba del cansancio. Pero me acostumbré al ritmo. A la
larga, te acostumbrás.
-¿Tu familia te acompaña?
-A mi mamá, que sigue en Santa Rosa, no le gusta venir a Buenos
Aires: es peligroso, se cansa, se estresa. La calidad de vida en el interior
es distinta. Mi mamá acá vive con miedo.
-¿Y tu vida acá cómo es?
-Soy re normal… Aburrida, te diría. Me encanta estar en casa,
tomar mate con mis amigos. Me divierte más comer empanadas en casa
que ir a un evento.
-¿Ahora que estás en pareja, ¿la
fantasía era mantener la independencia o casarte?
-La fantasía era enamorarme y estar contenta. Y en eso tuve mucha
suerte.
-¿Encaraste o esperaste?
-Me gusta esperar. En eso soy re machista. Que el hombre te busque, te
conquiste. Tiene que hacer sentir que es el hombre.
-Aunque te mueras de ganas.
-Sí, me quedaría esperando eternamente.
-O sea que te pasó.
-Si me lo perdí, no valía la pena.
-¿Martín encaró, entonces?
-Se acercó él… Tardamos un montón, porque éramos
del mismo grupo de amigos. El día que se
acercó le dije: "no puedo creer lo que me hiciste esperar".
Pero él quería estar seguro. Y funcionó.
-¿Qué te seduce en un hombre?
-Los detalles, las cosas simples: la palabra justa, el sentirme protegida,
acompañada. No soy materialista. Me encanta más una canción,
una florcita de ésas de la calle. Pero me interesa que cuiden el
detalle: saber que se acuerda de mí. Ni siquiera "el"
regalo: al contrario, no me gusta mucho gastar en cosas muy caras.
-¿Y en la intimidad, qué te enamoró
de Martín?
-Que me siento cómoda: me conoce de verdad, no se come el personaje.
Sabe las cosas que me gustan, me conmueven. A todo lo demás no
le da importancia.
-¿Cómo sobrelleva tu imagen de sex
symbol, tu carrera?
-No es que no se dé cuenta, sino que… (pausa larga) es un
tema que no entra en nuestra casa. Nosotros formamos otro mundo, con otras
cosas. Y no hay influencia de nuestros trabajos.
-Hasta que mira alguna foto tuya. Por ejemplo,
cuando lea HOMBRE.
-Tal vez le dé impresión alguna foto. Que otros hombres
puedan mirarlas. El mira una vez sola las fotos: después, nunca
más. Pero está acostumbrado, porque me conoció así.
Sabía que venía con el paquete.
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